Cada cliente recibe un enlace permanente — con tu marca y tu color, sin crearse cuenta — donde sube su papeleo, ve sus próximos vencimientos y encuentra lo que su gestor le publica. Lo que entra se clasifica solo con IA, y cada petición o recordatorio queda registrado en su ficha.
El cliente abre su enlace y arrastra los documentos: sin cuentas, sin contraseñas que olvidar. El enlace es un token inadivinable con límites de uso, y solo permite aportar — nunca ver datos de otros.
Ese 'IMG_4231.jpg' se convierte solo en 'Certificado de retenciones · 2025' en el casillero del cliente: la IA le pone categoría, ejercicio y nombre legible, con un chip que marca lo clasificado automáticamente para que el gestor lo repase.
Las peticiones de documentación salen con la plantilla del despacho y quedan en el timeline de la ficha; si una tarea del trimestre está esperando papeles y el plazo aprieta, FiscalIA reclama sola por email — con freno anti-spam de una vez por semana.
El portal habla en nombre del despacho: tu nombre y tu color de marca. FiscalIA es la infraestructura invisible detrás.
No. El portal funciona con un enlace personal de larga duración que el despacho genera y comparte por WhatsApp o email. Para el cliente es abrir y subir; la seguridad la aporta el token y sus límites, no una contraseña más.
Sus próximos vencimientos (derivados de su perfil de obligaciones — información de calendario, nunca datos fiscales) y únicamente los documentos que su gestor decide publicarle, uno a uno. Por defecto, nada es visible.
El documento cae en su casillero, la IA lo clasifica (categoría, año, nombre legible), la tarea del trimestre que esperaba documentación se desbloquea y el panel 'Hoy' del gestor avisa de que ha llegado papeleo nuevo.
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